La represión de manifestaciones por la crisis económica desata alarma internacional y cuestionamientos sobre la actuación del gobierno de Jamenei.
La ola de protestas en Irán, motivada por la crisis económica y social, ha dejado un número alarmante de víctimas, con estimaciones que oscilan entre 2.000 y 12.000 muertos, según diversos organismos y medios internacionales. La magnitud de las bajas ha generado preocupación global y críticas hacia el régimen iraní.
La Agencia de Noticias de Activistas de Derechos Humanos (HRANA), con sede en Estados Unidos, reportó que en 17 días de protestas fallecieron 2.000 personas, de las cuales 1.847 eran manifestantes y 135 funcionarios del gobierno, incluidos militares y policías. Entre las víctimas también se encuentran 9 niños y 9 civiles ajenos a las protestas, y se registraron más de 16.700 arrestos.
Por su parte, el grupo Human Rights in Iran (IHR), con sede en Noruega, indicó que 648 manifestantes murieron y miles resultaron heridos, aunque datos no confirmados sugieren que el número de fallecidos podría alcanzar los 6.000.
El medio disidente Iran International, con sede en el Reino Unido, informó que durante los días 8 y 9 de enero se produjo la mayor masacre de la historia moderna de Irán, con al menos 12.000 personas asesinadas, en su mayoría por disparos del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) y la milicia Basij, presuntamente bajo órdenes directas del Líder Supremo, Alí Jamenei, tras la aprobación del Consejo Supremo de Seguridad Nacional.
Aunque estas cifras no han sido verificadas de manera independiente, la posibilidad de bajas masivas aumenta la preocupación sobre la violencia estatal.
Un funcionario iraní, citado por Reuters, reconoció alrededor de 2.000 muertes, atribuyendo los hechos a “terroristas” responsables de la muerte de civiles, policías y militares.
El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Volker Türk, pidió al gobierno iraní poner fin al ciclo de violencia y atender las demandas de la población en materia de equidad, igualdad y justicia, calificando la situación como un “horrible ciclo de violencia”.
Esta escalada sitúa a Irán en una crisis de derechos humanos que mantiene en alerta a la comunidad internacional y podría desencadenar nuevas sanciones y presiones diplomáticas en los próximos días.

