José “Pepe” Mujica, ex presidente uruguayo, murió a los 89 años en su chacra de Rincón del Cerro, tras batallar contra un cáncer de esófago que hizo metástasis. “Hasta acá llegué”, había dicho en enero, cuando anunció su deterioro de salud. Militante hasta el final, incluso participó en la campaña que llevó al poder a Yamandú Orsi, su delfín político, quien confirmó su fallecimiento: “Te vamos a extrañar mucho, Viejo querido”. Mujica eligió como último deseo ser enterrado junto a su perra Manuela en su casa.
Su vida estuvo marcada por la lucha armada como tupamaro, la cárcel y la tortura durante 14 años de dictadura, y luego por su integración plena a la democracia. Fue legislador, ministro de Ganadería, presidente entre 2010 y 2015 y símbolo de austeridad. “No acompaño el camino del odio”, decía, apostando al perdón y a la convivencia. Promovió reformas como la legalización de la marihuana, la despenalización del aborto y el matrimonio igualitario, además de apostar por la energía renovable.
Aunque no volvió a ser candidato presidencial, su influencia política fue clave hasta sus últimos días. El Movimiento de Participación Popular (MPP), que fundó, sigue siendo el más votado del país. Su biografía se resume en lucha, resistencia y una transformación política que lo llevó “de una celda sin colchón a la Presidencia”, como recuerdan sus biógrafos. Para muchos, Mujica será recordado no solo como político, sino como referente moral y símbolo global.
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