El organismo internacional proyecta contracción del PIB, alta inflación y mayor desempleo en un contexto global “frágil”.
Bolivia enfrentará en 2026 una contracción económica del -3,3%, con inflación del 20,7% y un aumento del desempleo, según el Fondo Monetario Internacional, que advierte un escenario más complejo que el registrado en 2025.
El Fondo Monetario Internacional (FMI) proyecta un escenario económico adverso para Bolivia en 2026, marcado por una contracción del Producto Interno Bruto (PIB) de -3,3%, en línea con estimaciones del Banco Mundial, que anticipa una caída similar de -3,2%. Ambas previsiones apuntan a una recesión que impactará directamente en el costo de vida y la actividad económica.
Según el economista Carlos Aranda, este panorama responde a los ajustes macroeconómicos que el país debe encarar, especialmente en el ámbito fiscal. Explicó que la reducción del gasto público, aunque necesaria, tendrá efectos contractivos en el corto plazo, afectando a empresas que dependen del Estado y generando menor dinamismo económico.
Por su parte, el economista Fernando Romero identificó factores estructurales detrás de la proyección negativa, como la caída en la producción de hidrocarburos, la disminución de la inversión pública y privada, y la escasez de divisas. Esta situación limita la importación de insumos y maquinaria, lo que reduce la producción interna y empuja a la economía hacia una fase de ajuste.
El informe también advierte un deterioro en el mercado laboral. El FMI estima que el desempleo aumentará del 3,3% en 2025 al 4,5% en 2026. Sin embargo, especialistas señalan que, debido a la alta informalidad laboral en Bolivia, el impacto se reflejará más en la precarización del empleo y la caída de ingresos que en un aumento visible de la desocupación.
Sectores como la construcción y los servicios incluyendo hoteles, restaurantes y alojamientos serían los más afectados por la desaceleración económica, al depender directamente del nivel de actividad. En contraste, la producción agrícola se mantendría relativamente estable, debido a su carácter esencial.
En cuanto a la balanza de pagos, el FMI prevé una mejora de -1,9 en 2025 a 1,2 en 2026. No obstante, los expertos advierten que este resultado podría responder a una caída en las importaciones más que a un fortalecimiento productivo, lo que se conoce como un “superávit por recesión”.
Pese al panorama complejo, los analistas coinciden en que la coyuntura también representa una oportunidad para implementar reformas estructurales. Entre las medidas sugeridas destacan el impulso al sector privado, la reducción de trabas burocráticas y la diversificación productiva, especialmente en áreas como la agroindustria, la minería y la manufactura con valor agregado.


