Analistas, políticos y voces regionales advierten que este año estará marcado por decisiones económicas clave, una presión social opositora constante y un electorado más exigente, que mirará más la estabilidad que la ideología política
A dos meses de que Rodrigo Paz asumió la Presidencia de Bolivia, el país se encuentra ante un escenario de difícil pronóstico económico y político. La inflación persistente, la escasez de combustibles, el alza de precios y la tensión social heredada de un 2025 especialmente complejo marcaron el cierre de año. A ello se suman las duras medidas para garantizar carburantes, la ruptura de la alianza en el gobierno entre presidente y vicepresidente y el inicio del camino hacia las elecciones subnacionales de 2026.
En este contexto, dirigentes políticos, analistas y periodistas coinciden en que este año será decisivo: o se consolida un rumbo de estabilidad y reformas con respaldo ciudadano, o el país vuelve a un ciclo de convulsión que podría impactar de lleno en las elecciones subnacionales y en la gobernabilidad.
Para Carlos Manuel “Mamen” Saavedra, exconcejal y candidato a la alcaldía cruceña por VOS, el ánimo social empieza a mostrar un giro positivo. Tras un 2025 que calificó como uno de los más duros en décadas, sostiene que la gente ya no quiere repetir un escenario de crisis y comienza a percibir una posibilidad de mejoría. En su visión, el desafío va más allá de los partidos y requiere un esfuerzo conjunto entre políticos, empresarios y ciudadanía para empujar al país hacia la estabilidad.
Desde el análisis político, Orlando Peralta advierte que 2026 será un año de espera y evaluación. El Gobierno, señala, ha tomado decisiones que pueden estar técnicamente justificadas, pero cuyos resultados deberán verse en el corto y mediano plazo. Si estos no llegan, el costo político podría ser alto, especialmente en un escenario donde el propio vicepresidente se ha convertido en un factor de oposición interna, sumando complejidad a la gobernabilidad del país.
En la Asamblea Legislativa, Ricardo Rada, diputado por Santa Cruz del Partido Demócrata Cristiano (PDC), plantea el año entrante como una pulseada entre dos modelos: uno orientado a superar la crisis y otro, ligado a prácticas prebendales del pasado. A su juicio, el respaldo ciudadano será clave para sostener las medidas del Ejecutivo y evitar un retroceso económico y político.
Una lectura más dura ofrece Joadel Bravo, abogado y exfiscal, quien considera que Bolivia atraviesa el cierre de un ciclo político de dos décadas. Para él, el 2026 debe ser el año en que se profundicen los cambios, incluso con decisiones drásticas, como la reducción del gasto estatal y la resolución de conflictos heredados con sectores como la COB, transportistas y mineros.
Desde la oposición, Róger Blanco, diputado de Libre, observa un escenario electoral abierto. Reconoce el desgaste del Gobierno, pero advierte que el rechazo por sí solo no definirá el futuro político. En su criterio, la clave estará en quién logre ofrecer certidumbre económica y una alternativa creíble a una ciudadanía más preocupada por el empleo y el bienestar familiar que por la confrontación ideológica.
Finalmente, el periodista Roberto Ergueta, de Radio Éxito en La Paz, subraya que el clima social sigue siendo frágil. Tras el decreto 5503, las movilizaciones y los intentos de desestabilización elevan la presión sobre el Ejecutivo, que deberá priorizar el diálogo y tomar decisiones orientadas a estabilizar la economía si quiere evitar una escalada de conflictos en 2026.
Pese al clima de tensión, conflictos sectoriales y disputas políticas, en la ciudadanía comienza a percibirse un cambio de ánimo frente al cierre de año. Ya no predomina la sensación de que “todo puede empeorar”, sino una expectativa cautelosa de que este año pueda marcar un punto de inflexión en la vida de los bolivianos.
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