Cuba enfrenta una creciente crisis económica y social marcada por apagones, escasez y tensiones con Estados Unidos, mientras aumentan las presiones políticas internas y externas sobre el gobierno de Miguel Díaz Canel.
La situación en la isla se ha deteriorado en las últimas semanas, con cortes de electricidad recurrentes, restricciones en el acceso a combustibles y alimentos, y un contexto económico cada vez más complejo.
En medio de este escenario, se reportaron protestas aisladas y reacciones simbólicas, como la protección de una estatua de Che Guevara ante el temor de actos vandálicos, reflejando la tensión social que atraviesa el país.
En el plano internacional, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, generó controversia al afirmar que podría “tomar Cuba”, lo que fue rechazado por el gobierno cubano. Díaz-Canel denunció amenazas constantes desde Washington y acusó a ese país de intentar desestabilizar la isla mediante presiones económicas.
Por su parte, el secretario de Estado, Marco Rubio, cuestionó las reformas impulsadas por La Habana, señalando que no son suficientes para revertir la crisis estructural de su economía.
Según reportes internacionales, Estados Unidos habría planteado la posibilidad de una salida de Díaz Canel del poder en el marco de contactos bilaterales, aunque sin imponer condiciones directas sobre el proceso.
En el ámbito interno, el sistema eléctrico continúa operando con limitaciones. Datos oficiales indican que solo parte de las unidades de generación están activas, lo que ha permitido restablecer el servicio a menos de la mitad de los usuarios en La Habana.
A esta situación se sumó un sismo de magnitud 6 que afectó zonas del oriente del país, especialmente en Guantánamo y Santiago de Cuba, incrementando la preocupación en medio de la crisis.
En el plano geopolítico, Rusia ratificó su respaldo a Cuba y criticó lo que considera una injerencia externa en los asuntos internos de la isla, comprometiéndose a mantener apoyo material y político.
El escenario actual combina factores económicos, sociales y políticos que mantienen a Cuba en un momento de alta tensión, con incertidumbre sobre la evolución de la crisis en el corto plazo.


