Por Lider Wilmer Mamani
La madruga del pasado sábado fue presentada como un hecho histórico para el pueblo venezolano. Las imágenes circularon rápido, los discursos también. Algunos celebraron la captura de Maduro como el fin de una pesadilla; otros más cautos, no sabían exactamente qué estaban celebrando. Y esa duda vale mucho, porque no todo final es una victoria.
Horas antes del anuncio de Trump, María Corina Machado —líder opositora y principal referente del bloque opositor venezolano— aseguraba que ya estaban “preparados para hacer valer nuestro mandato y tomar el poder”, que “llegó la hora de la libertad”. Pero Trump le puso freno. Dijo que no está lista para asumir el mando en Venezuela, que es “amable”, pero insuficiente, y que será Estados Unidos quien se haga cargo.
Ni siquiera el aval simbólico de un Nobel de la Paz alcanzó.
Machado fue quien antes de la intervención estadounidense construyó un discurso cargado de promesas que alimentó la esperanza de millones de venezolanos con la idea de que el régimen de Maduro estaba por caer. Y sí, el dictador fue capturado. Pero una cosa es la caída de un hombre y otra muy distinta es la liberación de un país.
Pero, ¿y Edmundo?
Edmundo González, presidente electo de Venezuela, fue otra esperanza frágil. Más preocupado por sumar reconocimientos internacionales que por ejercer poder real dentro de su propio país, tampoco se pronunció después de las declaraciones de Trump. Horas antes decía estar “listo para reestructurar la nación”; horas después, Trump dejó claro que será Estados Unidos quien gobernará y “reestructurará” Venezuela hasta que aparezca alguien “adecuado” para asumir.
Entonces, ¿los venezolanos fueron liberados?
No. Y aquí cito al gran Freire: “Nadie libera a nadie, ni nadie se libera solo. Los hombres se liberan en comunión”.
Cuando el oprimido es “liberado” por otros, no es liberado, solo cambia de opresor. Y eso es exactamente lo que hoy refleja Venezuela.
¿Pasar de ser gobernados por un dictador a ser gobernados por Trump es una mejora?
Muchos dirán que sí, que cualquier cosa es mejor que Maduro. Pero ningún país debería verse obligado a elegir entre dos formas de «opresión». El objetivo no es reemplazar una bota por otra, sino construir una democracia real, soberana y autónoma.
Y hay un detalle que no se puede ignorar, en su conferencia Trump no mencionó una sola vez la palabra “democracia”. ¿Saben cuál sí repitió varias veces? “Petróleo”.
Maduro cayó. Pero Venezuela no fue liberada.
Cambió el actor dominante, no la lógica del poder.
Y mientras la “liberación” llegue desde afuera, celebrarla no es un acto de dignidad…es resignación.
Ahí les dejo la pregunta. Pero esta vez con los pies en la tierra.

