Tenían en común tres elementos singulares: los tres eran treintañeros, aventureros y una codicia que no conocía límites. Uno de ellos, el extranjero, ya había amasado una fortuna con actividades ilícitas sobre todo en Paraguay. Los otros dos, los bolivianos, querían hacerlo lo más pronto posible, aprovechando el poder público. El narcotráfico y su protección desde el Estado unieron sus caminos por un largo momento. Querían más: convertir a Bolivia en un narcoestado. Estuvieron cerca de lograrlo.
Sebastián Marset (35), el narcotraficante uruguayo que hizo de Bolivia su centro de operaciones a nivel global, aguarda encerrado en una cárcel de Virginia, en Estados Unidos, el inicio de un juicio que puede poner al descubierto la red de protección que tejió en el país para ostentar el alias de El Rey del Sur. El juicio por cargos de narcotráfico, lavado de dinero y narcoterrorismo está programado para comenzar el 11 de enero de 2027. Hay expectativa.
Róger Mariaca (38), fue elegido fiscal general del Estado por la Asamblea Legislativa en octubre de 2024, cuando tenía 36 años, en una sesión a la que asistieron 161 de los 166 parlamentarios que componen el Parlamento. Consiguió 115 votos, más de los dos tercios requeridos. El Chino fue acusado por Estados Unidos por delitos de narcotráfico al finalizar septiembre. Días después, fue aprehendido y ahora está preso en la cárcel potosina de Cantumarca. Es extraditable.
Eduardo Del Castillo (37) llegó y se mantuvo al frente del Ministerio de Gobierno en casi toda la gestión de Luis Arce (2020-2025). Puso a las fuerzas de seguridad al servicio del crimen organizado, disputó el control del negocio millonario que sale o transita por Bolivia. En 2023 se ganó el apodo de Sonia, cuando Marset eludió un operativo de captura el 29 de julio en la ciudad de Santa Cruz. Es buscado por hechos de narcoterrorismo. En dos ocasiones fue detenido y liberado.
Al margen de que el narcotráfico necesita la acción coordinada con otras actividades ilícitas como el contrabando, la minería ilegal o el tráfico de armas, solo para poner algunos ejemplos, o garantizarse el blanqueo de capitales en negocios formales, al extremo de apuntalar el PIB nacional con el 4 o 5% anual, los tres muchachos de esta historia cumplieron su primer gran objetivo: control de la producción y tránsito de cocaína y marihuana en volúmenes no vistos antes, control de las fuerzas de seguridad que, en los papeles, deben combatir a las mafias, y control de la justicia, a partir del Ministerio Público, la entidad encargada de investigar y acusar.
La conexión entre el Rey del Sur, El Chino y Sonia funcionó, por lo que se conoce hasta el momento, como uno de esos caros relojes incautados al narcotraficante uruguayo, el 13 de marzo de este año, cuando un operativo organizado y comandado por la DEA capturó y se llevó a Marset a Estados Unidos para que confiese hasta qué niveles de la estatalidad boliviana ha penetrado y sus relaciones delictivas especialmente con el PCC y el Comando Vermelho, los principales objetivos de Estados Unidos en Brasil, en eso de la lucha regional contra el narcoterrorismo.
Como se dijo, querían más. Había cierto control político, pero buscaban el premio mayor. La primera muestra de que la institucionalidad democrática podía ponerse de rodillas ante sus narcodólares fue precisamente en la sorprendente votación obtenida por Mariaca para convertirse en fiscal general del Estado. Era la muestra de que en Bolivia había condiciones favorables para avanzar en la captura del poder político, sin partidos ni liderazgos que hagan de intermediarios.
En medio de una disputa en el arcismo, que incluso desplazó a Arce del intento de reelección, Del Castillo fue elegido como candidato presidencial por el MAS, la marca partidaria más potente de los últimos 20 años, aunque en franca crisis en 2025. Parece ser que el objetivo electoral a corto plazo no era necesariamente la presidencia del país por el nivel de rechazo ciudadano a todo lo que significaba masismo, en cualquiera de sus versiones en ese momento, sino tener un grupo parlamentario propio, exclusivo de la narcomuchachada.
Del Castillo fracasó. El MAS se redujo al ridículo número de dos diputados. Pero, los narcodólares pueden más que las convicciones políticas. La presunta bancada de Mariaca en el actual período legislativo, con senadores y diputados de diversas fuerzas partidarias, es investigada por el fiscal general interino, tras la denuncia del nuevo viceministro de Régimen Interior y Policía.
Queda claro que Mariaca había iniciado la construcción de un perfil propio. Andaba repitiendo que su único sometimiento era a la Constitución; se mostraba como benefactor de personas que habían perdido sus viviendas en desastres naturales; le puso su acrónimo al sistema de seguimiento en línea de los casos; metió un pie en la fiesta grande los cruceños a través de la hermana del encarcelado exfiscal departamental de Santa Cruz; eligió colores, sobre todo el verde lechuga, para exhibir al Ministerio Público y ser el antecedente cromático de un nuevo partido o de un taxipartido a ser alquilado.
La ruta trazada por Marset, Mariaca y Del Castillo no se agotaba en la protección al narcotráfico y otros rubros del crimen organizado. Querían poder. Mejor si era absoluto. Se convencieron de que podían lograr una simbiosis entre el ámbito institucional y el mundo criminal. Caminaban, algunas veces juntos, otras por separado, hacia el objetivo de convertir al país en un narcoestado.
Edwin Cacho Herrera Salinas es periodista y analista.
El presente artículo de opinión es de responsabilidad del autor y no necesariamente refleja la línea editorial de Encontrados con Gonzalo Rivera






