El buque “Anatoli Kolodkin” arribó al puerto de Matanzas tras partir desde Rusia, marcando el primer envío de petróleo a la isla en tres meses.

Un petrolero ruso con 100.000 toneladas de crudo llegó este lunes a Cuba, en un contexto de severa crisis energética en la isla. El cargamento, autorizado por Estados Unidos pese a las sanciones vigentes, busca aliviar temporalmente la escasez de combustible y los prolongados apagones que afectan al país caribeño.

El buque “Anatoli Kolodkin”, perteneciente a la empresa Sovkomflot, arribó al puerto de Matanzas, donde aguarda la descarga del crudo, según informó el Ministerio de Transporte de Rusia. La embarcación zarpó el pasado 9 de marzo desde el puerto de Primorsk con más de 700.000 barriles de petróleo.

Este envío representa el primer suministro de crudo ruso a la isla en los últimos tres meses y, de acuerdo con estimaciones, permitirá cubrir las necesidades energéticas de Cuba durante varias semanas.

La llegada del cargamento ocurre en medio de una profunda crisis energética en Cuba, marcada por apagones diarios y una fuerte afectación a la actividad económica, atribuida en parte a las restricciones impuestas por Estados Unidos desde enero.

Pese a que Washington mantiene sanciones sobre el sector energético, el presidente Donald Trump expresó que no tiene objeciones a este envío puntual. “Tienen que sobrevivir”, afirmó, en referencia a la situación interna de la isla.

El visto bueno estadounidense se da en un contexto de flexibilización temporal de sanciones para cargamentos que partieron antes del 12 de marzo, aunque inicialmente estas excepciones no incluían a países como Cuba, Irán o Corea del Norte.

Además del “Anatoli Kolodkin”, medios internacionales reportaron el envío de un segundo petrolero ruso, el “Sea Horse”, con unas 27.000 toneladas de combustible, lo que evidencia un renovado apoyo de Moscú hacia La Habana.

El último suministro de crudo ruso a la isla se había registrado en febrero de 2025. Desde entonces, la escasez de combustible ha provocado interrupciones prolongadas del servicio eléctrico y una paralización parcial de la economía cubana.

La llegada de este cargamento se perfila como un alivio temporal, mientras persisten las limitaciones estructurales en el sistema energético y las tensiones geopolíticas que condicionan el acceso de Cuba a fuentes de abastecimiento.