La inteligencia artificial se perfila como uno de los principales motores de transformación económica durante 2026. El rápido desarrollo de estas tecnologías está modificando la forma en que las empresas producen, organizan sus actividades y utilizan el trabajo humano.
Según estimaciones del Fondo Monetario Internacional (FMI), entre el 40% y el 60% de los empleos en los países desarrollados estarán expuestos a los efectos de la inteligencia artificial. Esto no significa necesariamente la desaparición de todos esos puestos, ya que en muchos casos la tecnología permitirá complementar o aumentar las capacidades de los trabajadores.
Sin embargo, determinadas tareas podrían ser automatizadas por completo, especialmente aquellas que pueden ejecutarse mediante procesos digitales repetitivos. Esta situación plantea nuevos desafíos para las empresas, los trabajadores y los sistemas educativos, que deberán adaptarse a las nuevas demandas del mercado laboral.
Otro elemento que diferencia esta transformación tecnológica es el acceso cada vez más amplio a las herramientas de IA. Su menor costo y disponibilidad permiten que empresas y usuarios de países emergentes también incorporen estas tecnologías con rapidez.
Para América Latina, esta expansión representa tanto una oportunidad como un desafío. La adopción acelerada de la IA podría mejorar la productividad y facilitar el acceso a nuevas herramientas, pero también profundizar las brechas existentes si los países no desarrollan infraestructura, capacitación y políticas que acompañen la transición tecnológica.
El avance de la inteligencia artificial también genera preocupación en los mercados financieros. Expertos han advertido sobre el riesgo de una eventual burbuja vinculada a las elevadas expectativas y fuertes inversiones en el sector tecnológico.





