El presidente de EE.UU. lanzó advertencias contra Cuba, Colombia, México y, otra vez a Venezuela, además que reactivó su interés estratégico por Groenlandia
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, elevó este domingo el tono de su política exterior con una serie de amenazas directas contra Cuba, Colombia, México y Venezuela, además de reforzar su discurso sobre el control estratégico del Ártico, particularmente Groenlandia, en lo que analistas consideran una escalada de presión regional y global.
Respecto a Cuba, Trump aseguró que la isla está “a punto de caer” debido a su crisis económica y a la pérdida del suministro de petróleo venezolano. Si bien descartó una operación militar similar a la realizada recientemente en Caracas, afirmó que Washington continuará presionando al régimen cubano y dejó entrever que su Gobierno “hablará de Cuba” como próximo foco político.
En el caso de Colombia, el mandatario estadounidense acusó sin presentar pruebas al presidente Gustavo Petro de estar vinculado al narcotráfico y calificó al país como “muy enfermo”. Ante la consulta sobre una posible intervención estadounidense, Trump respondió que una acción similar a la ejecutada en Venezuela “le suena bien”, lo que generó preocupación en Bogotá y en la región.
Trump también volvió a amenazar a México, insistiendo en que los cárteles de la droga gobiernan el país y que es necesario “hacer algo” para frenar el narcotráfico. Señaló que ha presionado a la presidenta Claudia Sheinbaum para que adopte medidas más duras, reforzando una narrativa que abre la puerta a una mayor injerencia estadounidense bajo el argumento de la seguridad.
Sobre Venezuela, el jefe de la Casa Blanca advirtió que un segundo ataque sigue sobre la mesa si las nuevas autoridades no cumplen con las exigencias de Washington. Aunque reconoció que existen canales de comunicación con el Ejecutivo encabezado ahora por Delcy Rodríguez, dejó claro que Estados Unidos mantendrá la presión política, económica y militar.
Fuera de América Latina, Trump reavivó el conflicto diplomático con Dinamarca al insistir en su interés por Groenlandia, a la que calificó como un territorio clave para la seguridad nacional de Estados Unidos y Europa. Argumentó la presencia de Rusia y China en el Ártico y minimizó la capacidad defensiva danesa, reforzando una visión geopolítica centrada en el control de zonas estratégicas.
Las declaraciones del mandatario estadounidense dibujan un escenario de tensión creciente, donde el combate al narcotráfico, la defensa de la democracia y la seguridad regional funcionan como justificaciones para la presión, la amenaza y la injerencia, tanto en América Latina como en regiones estratégicas del planeta.

