El histórico goleador boliviano fue titular y capitán en la derrota de Oriente Petrolero ante Blooming, en un partido que podría marcar el cierre definitivo de su carrera.
A sus 38 años y después de una trayectoria que lo llevó por Sudamérica, Europa y Asia, Marcelo Martins Moreno disputó este domingo el clásico cruceño que le faltaba jugar. El delantero fue titular con Oriente Petrolero en la caída por 0-1 frente a Blooming, por la décima fecha del torneo de la División Profesional, en un encuentro que podría haber sido el último de su carrera profesional.
Martins, máximo goleador histórico de la Selección Boliviana, cumplió así uno de los pocos pendientes que quedaban en su extensa trayectoria futbolística. Aunque surgió en Oriente Petrolero, nunca había disputado un clásico cruceño debido a que emigró muy joven al fútbol brasileño tras sus primeras actuaciones con el equipo refinero.
Entre 2003 y 2004 jugó algunos partidos con Oriente antes de fichar por el Vitória de Brasil. Posteriormente pasó por clubes de renombre como el Cruzeiro, Shakhtar Donetsk, Werder Bremen, Wigan Athletic, además de equipos de China, Paraguay y Ecuador.
Retirado oficialmente en 2024, el atacante decidió volver a las canchas este año con la intención de mantenerse competitivo y colaborar con Oriente Petrolero. Su contrato concluía este domingo y, salvo un cambio inesperado, el clásico frente a Blooming marcará el punto final de una de las carreras más exitosas del fútbol boliviano.
En el encuentro disputado en el estadio Ramón Tahuichi Aguilera, Martins fue capitán y recibió un reconocimiento especial por parte del gobernador de Santa Cruz, Juan Pablo Velasco.
Dentro del campo fue el jugador más peligroso de Oriente. A los 13 minutos generó su primera ocasión con un remate que salió desviado. Más adelante asistió de cabeza a un compañero que no logró conectar el balón y, a los 36 minutos, estuvo cerca de marcar con una palomita tras un centro desde la derecha.
En el segundo tiempo tuvo menos participación debido a la escasa producción ofensiva de su equipo, aunque permaneció como referencia en ataque hasta el final del compromiso. Incluso vio la tarjeta amarilla a los 77 minutos por reclamar una decisión arbitral.
El gol nunca llegó, pero sí una imagen que quedará para la historia: la de Marcelo Martins disputando, por primera vez, el clásico cruceño que siempre le había sido esquivo y que terminó convirtiéndose en uno de los últimos capítulos de una carrera extraordinaria.

