Transportistas denuncian demoras en controles de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos y daños en motores por carburante defectuoso.
La crisis de combustible suma un nuevo foco de tensión en el país. Decenas de cisternas permanecen detenidas en la planta de Senkata, en El Alto, a la espera de autorización para descargar diésel y gasolina, en medio de reclamos por demoras en los controles de calidad y denuncias sobre posibles fallas en el carburante.
Un convoy de camiones se encuentra estacionado en la avenida 6 de Marzo, aunque la mayoría permanece dentro de la planta, donde los conductores aguardan por días a que se completen los análisis técnicos del combustible. La situación ha generado malestar entre los transportistas, quienes aseguran que la espera prolongada impacta directamente en su economía.
Desde Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB) se informó que durante el fin de semana se distribuyeron al menos 1,5 millones de litros de gasolina a distintos surtidores, en un intento por aliviar el abastecimiento. Sin embargo, los choferes sostienen que el problema principal se concentra en el diésel, cuya verificación estaría retrasando la cadena de distribución.
Los conductores relatan que deben permanecer dentro de la planta durante jornadas extendidas, saliendo únicamente para conseguir alimentos, mientras esperan la autorización para descargar. Esta paralización no solo afecta sus ingresos, sino que también repercute en el suministro general de combustible.
A la demora se suma una preocupación mayor: la calidad del diésel. Transportistas denuncian que el carburante estaría provocando daños en los motores de los vehículos de transporte interdepartamental, lo que ha incrementado el tiempo que las unidades pasan en talleres mecánicos en lugar de operar en rutas.
El escenario en Senkata se suma a la presión que enfrenta el sistema de abastecimiento en varias regiones del país, en un contexto donde la demanda se mantiene alta y los problemas logísticos continúan sin resolverse completamente.


