Más de 5.000 conductores permanecen varados en distintos puntos del país sin acceso regular a alimentos, medicamentos ni servicios básicos, mientras crece la preocupación por la situación humanitaria.

La crisis provocada por los bloqueos de carreteras en Bolivia golpea con fuerza al sector del transporte pesado. Miles de conductores permanecen atrapados desde hace más de un mes y medio en distintas rutas del país, enfrentando la falta de alimentos, medicamentos, agua potable y condiciones mínimas de subsistencia. Ante este panorama, transportistas y empresarios del sector exigen acciones urgentes para asistir a los afectados y restablecer la libre circulación.

Uno de los puntos más críticos se encuentra en Sayari, sobre la carretera que conecta Cochabamba con Oruro. En esta zona, ubicada a más de 4.000 metros sobre el nivel del mar, cientos de choferes soportan temperaturas bajo cero mientras permanecen inmovilizados desde inicios de mayo.

Víctor Garvizu, uno de los conductores afectados, relató que los transportistas sobreviven con recursos limitados y han tenido que organizarse para conseguir alimentos. Según explicó, utilizan agua de un riachuelo que previamente deben hervir para evitar enfermedades y preparan pequeñas ollas comunes para compartir la comida disponible.

La situación es especialmente delicada para los conductores que padecen enfermedades crónicas. Algunos transportistas diabéticos, ante la escasez de medicamentos, optaron por abandonar temporalmente sus camiones para intentar llegar por sus propios medios a Cochabamba y abastecerse antes de regresar a los puntos de bloqueo.

Frente a esta emergencia, decenas de camiones participaron en una caravana de protesta en Cochabamba para exigir el desbloqueo de las carreteras y el rescate de los conductores varados. Los vehículos recorrieron más de 15 kilómetros portando banderas bolivianas y mensajes en defensa del derecho al trabajo.

El director ejecutivo de la Cámara de Transporte de Cochabamba, Óscar López, advirtió que además de la crisis humanitaria, el sector enfrenta cuantiosas pérdidas económicas debido a retrasos en las entregas, multas por incumplimientos contractuales y costos operativos que continúan acumulándose pese a la paralización.

Ante la gravedad del escenario, la Defensoría del Pueblo, la Cruz Roja y Cáritas iniciaron una caravana humanitaria destinada a entregar alimentos, agua y medicamentos a cientos de camioneros atrapados en las rutas del altiplano.

Los bloqueos, que comenzaron el 6 de mayo, son impulsados por sectores afiliados a la Central Obrera Boliviana (COB), organizaciones campesinas y grupos afines al expresidente Evo Morales, que exigen la renuncia del presidente Rodrigo Paz.

De acuerdo con datos reportados por el sector transportista, el conflicto ya dejó al menos 16 fallecidos y pérdidas económicas estimadas en 2.500 millones de dólares, mientras miles de conductores continúan esperando una solución que les permita retornar a sus hogares y reanudar sus actividades laborales.