Los primeros departamentos en declarar emergencia o alerta roja son Chuquisaca, Santa Cruz y La Paz, pero la sequía azota también a Potosí, Oruro y Tarija. La UMSA alerta de microorganismos resistentes en el agua de las represas a causa de la sequía
El fenómeno del Súper Niño ya está presente en Bolivia y golpea seis departamentos donde se registran los primeros efectos de la sequía por la ausencia de lluvias, fenómeno que en esta fase inicial afecta principalmente a los cultivos y al ganado. En tres de esas seis regiones, al menos 26 municipios se han declarado en emergencia o en alerta roja.
Uno de los departamentos afectados es Chuquisaca, donde 21 municipios están en emergencia por la sequía que mata sus cultivos y ganado. También sufren por el fenómeno Santa Cruz, donde hasta la fecha cuatro municipios se declararon en emergencia, y La Paz, donde el municipio Nuestra Señora de La Paz, ha declarado alerta roja por la disminución en el volumen de las represas, en especial, Hampaturi.
Aunque no emitieron de forma oficial sus declaratorias de emergencia, campesinos de Tarija, Oruro y Potosí también están en alerta ante la sequía que ya empezó a afectar sus cultivos. Además, el suroeste de Potosí enfrenta intensas nevadas que matan al ganado camélido.
Ante este panorama, el Gobierno central asegura que tiene una estrategia elaborada con base en la Ley 602 de Gestión de Riesgos, misma que ya está en marcha para frenar los incendios provocados. De otro lado, también asegura que con la Empresa Pública Social de Agua y Saneamiento (Epsas) se ejecuta una estrategia para garantizar el suministro normal de agua potable para la población, parte de la misma consiste en el monitoreo en tiempo real de todos los embalses de Bolivia.
El presidente Rodrigo Paz en julio pasado alertaba que Bolivia este año enfrentará un Súper Niño, con un “impacto incalculable” y que para ello se tiene previsto un plan de contingencia para enfrentar una primera fase con recursos propios y los que hasta la fecha se lograron de la cooperación internacional.
“El Gobierno ha activado un equipo que pueda trabajar en este aspecto”, dijo el ministro de la Presidencia, Fernando Aramayo, e indicó que la capacidad instalada que dejó el anterior gobierno para atender emergencias “es pésima”.
Según el Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología (Senamhi), en el último trimestre de este año, Bolivia sentirá el impacto de El Niñode categoría “muy fuerte”, con incremento de la temperatura de forma general, lluvias escasas y sequías en el occidente, altiplano y valles, además de inundaciones y torrenciales aguaceros en el oriente.
Emergencia por sequía
Desde la Gobernación de Chuquisaca informaron que 21 municipios ya están en emergencia por la sequía y se alista la declaratoria de emergencia en todo el departamento.
En Santa Cruz, la región del Chaco ya sufre los embates de una dura sequía.Hasta la fecha los municipios de Cuevo y Boyuibe se declararon en situación de desastre. A ellos se suman Lagunillas, que solicitó apoyo técnico para declarar emergencia, y Gutiérrez para su declaratoria de desastre.
En San José de Chiquitos el gobierno municipal activó el envío de camiones cisternas para proveer de agua potable, ante el descenso de la presión en los grifos.
En La Paz, apenas el alcalde César Dockweiler, declaró alerta roja por la disminución del volumen de agua en las represas, se armó una polémica y el Gobierno central y Epsas salieron a rechazar el extremo asegurando que el suministro de agua potable está garantizado hasta que vuelva la época de lluvias y que se llenen las represas.
No obstante, el burgomaestre paceño ratificó su postura. “No vamos a esperar a declarar alerta roja hasta que se lamenten muertes. Estamos mal acostumbrados en Bolivia: se cayó un cerro, se desbordó el río, se llevó viviendas, se llevó gente y recién declaramos alerta roja, cuando ya es tarde. Estamos declarando alerta roja para asumir las acciones que protejan la vida de la gente”, argumentó Dockweiler.
Sequía y la calidad del agua
La ausencia de lluvias y la disminución del nivel de agua en los embalses que se deriva en la sequía trae consigo otra consecuencia que afecta directamente a la calidad del agua de las represas, según estudios de unidades especializadas de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA).
La docente investigadora del Instituto de Investigaciones Fármaco Bioquímicas, María Teresa Álvarez, explicó a EL DEBER que por el bajo nivel de agua de la represa de Hampaturi y por la elevada radiación ultravioleta, hay un crecimiento exacerbado de bacterias fotosintéticas y genes de resistencia a antibióticos, que no son completamente por controles habituales en el tratamiento para potabilizar el agua.
La presencia de estos microorganismos “es un indicador de una sequía extrema, no solo es el bajo nivel del agua, sino que están proliferando estos microorganismos que pueden afectar de alguna manera la calidad del agua”, explicó la experta.
Los investigadores de la UMSA, en su estudio del agua potable que sale de los grifos, identificaron bacterias y genes de resistencia antimicrobiana. Entre los microorganismos identificados se encuentran Legionella pneumophila y Pseudomonas, bacterias que, según Álvarez, son consideradas patógenos emergentes (agente biológico que causa enfermedad en seres vivos) y actualmente son objeto de vigilancia en distintos países. “Hay Legionella y es algo que se tiene que vigilar sin alarmarse, porque se puede controlar”, sostuvo.
El estudio también reveló la presencia de Cryptosporidium —un parásito microscópico capaz de sobrevivir a la cloración convencional— y/o amebas en puntos de las redes de Achachicala, Pampahasi y Chuquiaguillo, con parámetros fuera de norma.
Propuesta de la CNI
La Cámara Nacional de Industrias (CNI) alerta que el Súper Niño puede tener efectos sobre la producción, el empleo, el abastecimiento y el crecimiento económico del país, por lo que plantea que se conforme un Consejo Nacional de Prevención ante este fenómeno meteorológico.
El objetivo es anticipar los impactos económicos y productivos, identificar sectores y regiones vulnerables y coordinar medidas relacionadas con agua, energía, materias primas, infraestructura, logística y abastecimiento.
Según estima la CNI, los efectos de El Niño podrían impactar entre 0,3 y 2 puntos porcentuales la tasa de crecimiento del PIB de 2026, dependiendo de la intensidad del fenómeno y de la capacidad de respuesta del país.
“El clima no podemos controlarlo. El impacto sí podemos reducirlo. Anticiparnos es producir”, afirmó el presidente de la CNI, Gonzalo Morales.
///EL DEBER///








