En el altiplano de La Paz, donde cada cosecha implica esfuerzo e inversión, la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA) está demostrando que producir alimentos también puede significar transformarlos y no perderlos. Desde su Estación Experimental Patacamaya, docentes y estudiantes impulsan alternativas para evitar el desperdicio y, al mismo tiempo, el mejoramiento nutricional y económico de los productos agrícolas.

En este espacio universitario, la lógica es clara: lo que el mercado rechaza por apariencia, tamaño o sobreoferta no se desecha, se transforma. A través de procesos de deshidratación controlada e investigación aplicada, hortalizas que antes podían perderse hoy se convierten en harinas, sopas instantáneas y sazonadores naturales.

“Muchas veces producimos al mismo tiempo y en cantidad, entonces los precios bajan. En lugar de rematar o perder el producto por el tiempo, lo convertimos en harinas u otros alimentos que conservan o potencian sus nutrientes”, explica la Ing. Gladis Chalco, encargada de la comercialización de productos de la Estación Experimental Patacamaya de la Facultad de Agronomía.

Entre ellos destacan las harinas de zanahoria, remolacha y cebolla, elaboradas a partir de productos que, pese a mantener intacto su valor nutricional, son descartados por “no verse bien o apetecible”.

A estos productos se suman los microgreens o microverduras, que son pequeñas hortalizas cosechadas en sus primeras semanas de vida y cuyo contenido nutricional puede ser hasta 20 veces superior al de las plantas adultas. Se trata de variedades de col rizada, espinaca morada, albahaca y quinua. Estos concentrados naturales destacan por su alto contenido de vitaminas, minerales y antioxidantes.

Microgreens o microverduras

“El problema con los microgreens es que duran pocos días, por eso la alternativa es deshidratarlos para mantener sus nutrientes por más tiempo”, señala Chalco a tiempo de detallar que este proceso se realiza con tecnología solar y control de temperatura que no supera los 40°C, evitando así la degradación de vitaminas sensibles al calor.

Además de la innovación, el trabajo tiene un importante componente social y económico. La UMSA busca que estas prácticas puedan ser replicadas por productores, especialmente en contextos donde la sobreproducción obliga a vender a precios bajos.

“En estas épocas no podemos darnos el lujo de botar los alimentos. Cada producto implica trabajo e inversión. Como universidad, estamos tratando de que los productores aprendan estos procesos y puedan aprovechar mejor sus cultivos. Estamos buscando formas de no desperdiciar, no solo por economía sino por conciencia”, afirma Chalco.

Las personas interesadas pueden adquirir estos productos en el Atrio del Monoblock todos los viernes, de 08:30 a 14:00; y en el Biomarket (Av. Landaeta y Héroes del Acre, frente al Instituto Americano), los martes y viernes, de 09:00 a 17:00.