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Bolivia de en-sueño

Bolivia de en-sueño
Opinión · Encontrados con Gonzalo Rivera

En la Bolivia en la que vivo mentalmente amanece siempre a las cuatro, cuatro y media de la madrugada, que es cuando yo despierto; en Washington DC, donde duermo, los amaneceres varían según la estación del año.

Mi en-sueño del amanecer está lleno de posibilidades para Bolivia, que a veces pongo en papel y frecuentemente le transmito a mi mujer. Ella, pacientemente, trata de bajarme a su realidad, aunque mi en-sueño todavía perdura.

Hasta que finalmente abre las noticias del día, mientras yo desciendo, tipo ocho, con mi flamante artículo que describe muchas veces, con la dulzura del amanecer, lo que Bolivia debiera ser y que, para mí, puede ser. “Como si fuera fácil”, debe pensar ella.

Y empezamos a discutir. Mi en-sueño choca con la realidad que, a esa temprana hora, ya ha logrado asentarse en su cabeza, luego de haber leído, y ahora cada vez más, escuchado las novedades del día, en Brújula Digital.

A eso de las nueve, cuando recojo de la estación del Metro a Enzo (nuestro perro-persona), que ha caminado con ella hasta allí, mi en-sueño ya se está ahogando ante la brutalidad de la Bolivia que se reporta: todo está mal; los corruptos sobran y muchos de ellos hasta nos gobiernan.

Vuelto a casa, me enfilo a tomar desayuno en mi lugar habitual, con Enzo a mi lado, y lentamente empieza a reaparecer la Bolivia posible, con la que yo sueño despierto.

Disparo mi artículo lo más pronto posible, después de retocar algunos detalles del pensar despierto, que posiblemente irritarán menos a quienes les toca hacer posible mis sueños, o el en-sueño de mi amanecer escribano.

Es que mucha gente ignora la dulzura de la senectud. A los 77, uno rememora su vida, la vida de su Bolivia, de aquella que a veces nos parecía imposible o intolerable, aquella que pensábamos olvidar o dejar atrás por los rigores y obstáculos de la otra, la actual, que uno debe enfrentar sin disculpas ni pretextos.

Pero como yo vivo en tierra ajena, “de paso” por más de 20 años, no me enojo con “sus” políticos. Los comparo con algunos de los “míos” y, me doy cuenta de que sus casos de corrupción son muchísimo mayores que los nuestros, y me da una sobria pena por mis vecinos, los estadounidenses, extranjeros para mí. Es mi mundo al revés.

Cuando mi en-sueño les llega a mis hijos o a amigos, dentro o fuera de Bolivia, me explican por qué no se puede. Y muchas veces exaspera a los más jóvenes que no comparta su pesimismo. Porque ¡sí se puede!, como decía Obama, bajo cuya presidencia me tocó vivir.

Mi optimismo no está reñido con la realidad de nuestros logros del pasado, en medio de los problemas e impedimentos de entonces, que parecían insuperables.

Cuando pienso en esos éxitos, no solo políticos -cuyo recuerdo me deleita- sino también en los logros privados: recuerdo cómo adquirimos el grupo minero de Grace & Co., o cómo montamos la mina de oro más moderna y grande de nuestra historia, introduciendo y adaptando nuevas tecnologías. O cómo imaginamos el teleférico ya 30 años antes de que se hiciera realidad.

En el balance sí se pudo, y mucho. Pero todo se ahoga en el olvido de la gente, quizá porque pocos lo cuentan. Porque dicen que el éxito es pecado en Bolivia, y se callan. Entonces nosotros debiéramos orgullosamente contar nuestros “pecados”.

Y con la delicadeza de los buenos recuerdos, porque dicen que uno olvida o perdona los malos, déjennos a los viejos endulzarnos la vida con la historia de lo bueno, lo que fue real y posible, made in Bolivia.

Son logros históricos que frecuentemente asombran a mis vecinos “extranjeros”, quienes fantasean con ese lugar exótico donde se producen milagros increíbles, al borde del abismo. Ese abismo al filo del cual estamos acostumbrados a caminar sin caernos. Una y otra vez…

Quisiera que contáramos nuestros éxitos, que conociéramos a quienes lo lograron, y que nos sirvan para recordar que Bolivia ya fue capaz de hacer cosas que parecían imposibles. No para negar lo que hoy está mal ni idealizar el pasado, sino para recordar que Bolivia tiene una historia de personas capaces de resolver grandes problemas. Y que esa experiencia pueda darnos la confianza para enfrentar los desafíos de hoy.

Esa es la Bolivia de en-sueño a la que aspiro. Una Bolivia que algunos encuentran incómoda, sobre todo los pesimistas, aunque también a ellos les tocará construirla. La Bolivia que fue, sí, pero también la que todavía puede ser.

*Es soñador; exalcalde de La Paz, Canciller y ministro de Estado.

El presente artículo de opinión es de responsabilidad del autor y no necesariamente refleja la línea editorial de Encontrados con Gonzalo Rivera

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