Antonio Saravia, analista económico

El analista económico Antonio Saravia calificó como positivo que se haya aprobado el desembolso del Fondo Monetario Internacional (FMI), al que consideró “la última soga de rescate” para Bolivia. Sin embargo, advirtió que el uso de estos recursos debe ser responsable, ya que si se malgastan el país volverá a los mismos problemas de siempre, pero además con mayor endeudamiento.

Saravia explicó que la única plata de libre disponibilidad es la del FMI, mientras que otros créditos internacionales están condicionados a proyectos específicos. Manifestó su preocupación de que este préstamo sea utilizado para gastos corrientes, como sueldos de funcionarios, en lugar de servir como base para las reformas estructurales que el país necesita.

Entre los compromisos asumidos por el gobierno ante el FMI, destacó que a partir de 2027 no se podrá recurrir a préstamos del Banco Central, lo que marcará el inicio de un gran ajuste fiscal. Ese mismo año, se prevé la eliminación de la subvención a los combustibles, lo que abriría el mercado a empresas privadas y permitiría la llegada de distintas marcas, con precios y calidades diversas. “YPFB no puede seguir en medio, es un nido de corrupción”, enfatizó.

El analista advirtió que la eliminación de subsidios y empresas públicas, junto con la reducción de la burocracia, generará un periodo recesivo que se sentirá en todos los sectores. “Es como una resaca: duele, pero no podemos seguir bebiendo y bebiendo. Es una purga necesaria”, afirmó.

Saravia concluyó señalando que el desafío será si el gobierno tiene la capacidad suficiente para enfrentar las protestas y el descontento social que vendrán con despidos, cierre de empresas y ajustes drásticos. “Las políticas de shock son necesarias, pero muy difíciles de convencer a la población. El gradualismo solo alarga la agonía”, subrayó.