Con mesas repletas de panes, masitas, flores y alimentos, las familias bolivianas se preparan para recibir a las almas de sus seres queridos en la celebración de Todos Santos. Según la tradición, el reencuentro comienza al mediodía de este 1 de noviembre y se prolonga durante 24 horas.
Los altares, conocidos como mesas, se preparan con fotografías de los difuntos y elementos que representan los distintos mundos de la cosmovisión andina. En la parte superior se colocan t’antawawas, escaleras y coronas; en el nivel intermedio, los alimentos y bebidas que disfrutaba la persona fallecida, además de frutas, coca y otros productos. La parte inferior se adorna con flores, velas y cebollas en flor.
El 2 de noviembre, las familias acuden a los cementerios para despedir a las almas mediante oraciones, música y el intercambio de alimentos con quienes llegan a rezar. En regiones como Cochabamba, Potosí y Chuquisaca, la jornada también incluye danzas, coplas y juegos tradicionales.
Todos Santos representa una expresión de sincretismo entre la fe católica y las cosmovisiones indígenas. En la tradición andina, la recepción de las almas también está vinculada con el ciclo agrícola: marca el cierre de la época seca, conocida como Awti Pacha, y el inicio del periodo de lluvias o Jallu Pacha.
El antropólogo Édgar Arandia explicó en una entrevista anterior que la costumbre de preparar mesas abundantes durante tres años consecutivos para los fallecidos recientes contempla tres etapas: el qallta mara, correspondiente al primer año; el taypi mara, al segundo, y el tukuy mara, al tercero.




